Escribir no es difícil: Palabras desde el confinamiento

Con estos tiempos que corren la gente dice muchas cosas. En el mundo de la literatura también. Han llegado a mis ojos y oídos comentarios que se comparten alegremente en televisión, en radio y en la prensa (digital). Como no, en las redes sociales han llegado también. Simplemente que, en estas, la cantidad de disparates por metro cuadrado de personas ególatras venidas a menos es espectacular.

En ciertas entrevistas y en comentarios rebuznados sin la solicitud de nadie, se esparcen ideas tales como que estos tiempos de recogimiento forzoso son una magnífica oportunidad para darle rienda suelta al arte de la escritura. Y no estaría mal del todo si se quiere significar que se tiene tiempo libre para escribir, y no que esa abundancia de tiempo se va a convertir en talento.

Escribir

Aquí empieza la deriva absurda y maliciosamente manifiesta:

“Es un gran momento para escribir” dicen. Sí, pero ¿El qué?

Escribir no es difícil. Yo lo estoy haciendo en este mismo momento. Pero eso no le confiere mayor mérito. Escribir un artículo, una redacción, una carta, una opinión… Para todo ello sí es conveniente este periodo de tiempo en el que otras aficiones nos están vetadas.

Pero hay gente que va más allá. ¿Escribir buen un libro? ¿Un buen relato? ¿Un sentido poema?

No. Para todo ello, el tiempo, aun siendo necesario, no es ni con mucho lo primordial. Para escribir hay que sentir, hay que tener alma profunda y capacidad de vómito. Poco importa la extensión. Poco el entreno. Escribir por escribir es igual a nada o casi nada.

¿Qué has escrito? Esta es la pregunta que habría que hacer a todos aquellos que, aprovechando que no tienen nada que hacer, se arrogan la presteza y la soberbia de erigirse en grandes escritores sin tiempo para demostrarlo.

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