Hablando con los MasterChef de la escritura

Hablando con los MasterChef de la escritura

Un día hablaba con una persona que daba cursos de escritura. Máster, gusta llamar a los presuntuosos. Yo no creo en los cursos de escritura, y quien haya leído el libro “El Gilipollas” entenderá por qué. ¿Quiere eso decir que no se puede aprender nada en un curso o taller de escritura? No. Quiere decir que se puede aprender algo bueno, pero también mucho malo. Las cantidades son variables y según lo que caiga a cada lado, la balanza se inclinará a uno u otro lado.

Hablaba con esta persona, como digo, profesora de una importante escuela de escritura que no voy a desvelar, porque en mi barrio a los chivatos no se les tiene bien vistos, y me parece correcto.

Escribir

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En la conversación yo intervenía así:

¿Por qué les dices a tus alumnos que escriban todos los días dos hojas?

Y me respondía:

 Porque es un gran ejercicio de escritura, lo dicen otros grandes profesionales, no solo yo.

Yo replicaba:

 ¿Y qué es lo que mejorará con ello? ¿El músculo escritor?

 Exacto.

 Y ¿Cuál es ese músculo? ¿Dónde se encuentra?

Aquí se produjo un sórdido silencio. Después me dijo:

 La práctica siempre es buena. Nada de lo que se escriba será inútil. El talento.

Fin de la conversación. No quise ni pude aguantar más. Me despedí cortésemente, porque uno es educado. Llegué a la conclusión que, según esta persona, el talento es un músculo que se puede ejercitar, romper sus fibras para que emerjan desde algún recóndito lugar de la mente o el corazón, reforzadas. Llegué a la conclusión que, según esta persona, cualquier cosa que se escriba vale. Pero, ¿para qué? Si todo valiese, nada valdría.

Entrenar el talento, pensé… Ejercitarlo, pensé… Jugar con las ilusiones de las personas prometiendo hacer crecer ese talento, pensé… A cambio de dinero, pensé…

Me fui al bar, me tomé unas cervezas y olvidé todo lo hablado. Hasta hoy.

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